
Nos ocuparemos ahora de algunos pasajes en los que la Biblia daría la impresión de apoyar la magia y la superstición.
a. El uso de mandrágoras
A través de los siglos las mujeres orientales han utilizado mandrágoras para asegurar la concepción (Gn. 30.14–18). Como las investigaciones modernas han demostrado que los medicamentos primitivos a menudo contenían algún elemento verdaderamente efectivo, sería absurdo descartar este ejemplo como simple acto de magia.
b. Jacob y las varas descortezadas
En Gn. 30.37–41 Jacob probablemente fue influido por ideas primitivas acerca del efecto de objetos visibles sobre el feto. Pero el versículo 40 indica que en realidad los resultados se produjeron por medio de la cría selectiva.
c. Samuel y el agua
A menudo se considera que este incidente (1 S. 7.6) denota magia benévola, mediante el acto solemne de derramar agua para provocar una tormenta. Sin embargo, no tenemos la menor indicación de ello en el contexto. El agua vertida sobre la tierra, según 2 S. 14.14, era símbolo de la debilidad humana y su falta de permanencia, y debemos interpretar la acción de Samuel más bien como un signo de abatimiento y humillación ante Dios.
d. El cabello de Sansón
Se han recolectado relatos de todas partes del mundo, en los que el alma o la fortaleza de alguien residía en sus cabellos, o aun en algún objeto externo. El relato bíblico (Jue. 16), sin embargo, demuestra que el cabello largo de Sansón era señal de su fidelidad al nazareato, y que el Espíritu de Dios le daba fortaleza mientras siguiera siendo fiel al voto (por ejemplo Jue. 13.25; 14.19). Los que desean llevar la discusión al terreno natural pueden notar que esta pérdida de fortaleza bien podría explicarse psicológicamente cuando Sansón se dio cuenta de su culpabilidad. Se conocen muchos casos de ceguera, parálisis, etc., histéricas.
e. El despertar de Leviatán
Job pide que el día en que nació sea maldecido por los que maldicen el día y están listos para despertar a Leviatán (Job 3.8). Algunos encuentran aquí una referencia a los magos, que, según se suponía, podían despertar a un dragón para que se tragara al sol durante un eclipse. Si esta teoría es correcta, forma parte del extravagante lenguaje de Job, que recurre a cualquiera, falso o verdadero, que pudiera asegurar que traería mala suerte al día de su nacimiento.
f. El poder de bendecir y maldecir
El Antiguo Testamento pone mucho énfasis en esto. Los patriarcas bendicen a sus hijos, e Isaac no puede cambiar lo que había prometido a Jacob (Gn. 27.33, 37). Se le pide a Balaam que maldiga a Israel (Nm. 22s). En el resto del Antiguo Testamento encontramos otras referencias incidentales. Debemos notar que la Biblia no contempla la posibilidad de que alguien pueda pronunciar una bendición o una maldición efectiva contraria a la voluntad de Dios. Los patriarcas creían que Dios les estaba mostrando el futuro de sus descendientes, y sus bendiciones eran declaraciones consecuentes con esto. Balaam no puede maldecir efectivamente a los que Dios ha bendecido (Nm. 23.8, 20). El salmista sabe que Dios puede convertir una maldición no merecida en bendición (Sal. 109.28), mientras que la renuencia de David a interferir en el caso de Simei se basa en el temor de que Dios pudiese haber inspirado la maldición por algo que él mismo hubiera hecho (2 S. 16.10).
g. Milagros
Por cierto que el mundo pagano consideraba los milagros "privados" como magia (Hch. 8.9–11), pero la Biblia nunca trata los milagros divinos como casos de magia superior; no se hace uso de encantamientos, invocación de espíritus, o hechizos. Moisés no silenció a los hechiceros del faraón por el hecho de que fuera mejor mago, sino que actuó solamente como agente de Dios, obrando en el momento en que él se lo pedía, y siguiendo sus instrucciones. Su vara no era una varita mágica, sino símbolo de la designación de Dios. Era "la vara de Dios" (Ex. 4.20).
En lo que respecta a exorcismo y curaciones, no debemos sorprendernos de encontrar semejanzas lingüísticas entre lo que registran los evangelios y la magia pagana, ya que el vocabulario de la demonología y la enfermedad es limitado. Pero jamás vemos que Cristo o sus discípulos hayan utilizado práctica mágica alguna.
