
Las referencias que aparecen en la primera parte de este artículo demuestran que la magia y el sortilegio siempre fueron condenados por las Escrituras. La magia es un rival de la verdadera religión, aunque puede practicarse conjuntamente con ideas religiosas falsas. La verdadera religión se centra en la experiencia personal con el único Dios, por medio de la cual se trata de vivir de acuerdo con su voluntad. El creyente camina humildemente con su Dios, se dirige a él en oración, y está preparado para aceptar las circunstancias de la vida como la esfera en la que fe toca glorificarle. La magia, en cambio, gira alrededor de seres sobrenaturales inferiores, o trata de forzar los acontecimientos por medio de fuerzas psíquicas, sin considerar si las mismos se producirán para la gloria de Dios. Las siguientes prácticas caen bajo la condenación específica de la Biblia.
a. El uso de amuletos
Entre la lista de ornamentos femeninos en Is. 3.18–23 la voz que se traduce "amuletos" en el versículo 20 ("zarcillos") es la raíz; algunos consideran que el término puede haber sido originalmente, ‘serpiente’, caso en el que el amuleto habría sido una figura de serpiente. En este mismo pasaje hay una referencia, en el versículo 18, a "lunetas". Evidentemente se trata de imágenes de la luna; la única vez que vuelve a aparecer el término es en Jue. 8.21, 26, donde los llevaban tanto los camellos como los reyes de Madián. La palabra anterior en Is. 3.18, traducida "redecillas", solamente figura una vez en la Escritura, pero un término similar en las tablillas de Ras Shamra parecería referirse a los pendientes solares.
Es probable que haya una referencia a amuletos en Gn. 35.2–4. pasaje en el que la familia de Jacob elimina los "dioses ajenos" y los "zarcillos". Esta es la palabra normal para arete o zarcillo, pero la asociación con los ídolos sugiere que eran amuletos de algún tipo en este caso.
b. Los que practican la magia; hechiceros; brujos.
Génesis y Éxodo hablan de los hechiceros de Egipto, y 2 Ti. 3.8 menciona a dos de ellos como Janes y Jambres. El relato de Éxodo nos dice que los hechiceros egipcios siguieron el ejemplo de Moisés y convirtieron sus varas en culebras (7.11), el agua en sangre (7.22), y produjeron ranas (8.7), pero que no pudieron sacar piojos (8.18–19), y, a su vez, fueron afectados por el sarpullido (9.11). El relato no indica si se trataba de hábiles prestidigitadores o si empleaban métodos de ocultismo.
Poca alusión directa hay a hechiceros y brujos en Israel. Es incorrecto hablar de la "bruja" de Endor (1 S. 28), ya que la Biblia la describe como una médium, y no como practicante de magia. Es significativo que Jezabel practicara la hechicería (2 R. 9.22), y Mi. 5.12 sugiere que de ninguna manera era un hecho poco común en Israel. Manasés la estimuló personalmente, entre otras iniquidades (2 R. 21.6).
En Is. 28.15 hay una indicación de prácticas de magia, en las que los iniciados hacían algún tipo de magia que creían les daría inmunidad contra la muerte.
La más soprendente de las referencias a la brujería hebrea se encuentra en Ez. 13.17–23. Aquí las profetisas hebreas también practicaban artes mágicas para la preservación y la destrucción de los individuos. En esto iban más allá de los falsos profetas de Mi. 3.5, que daban mensajes de buena o mala ventura a las personas según se les pagara. No es fácil seguir aquí los detalles de sus prácticas mágicas. Tanto las víctimas (18) como las brujas (20–21) llevaban velos en la cabeza y vendas en las manos.
La práctica de la brujería sugiere un nexo psíquico entre la bruja y su cliente a través del intercambio de material cargado con encantamientos beneficiosos o maléficos. Alternativamente, los velos se hacen a medida (18), y quizás la bruja hacía un velo de una medida que representaba al enemigo de la persona. Entonces la bruja lo llevaba durante un tiempo y lo impregnaba con encantamientos malévolos (el uso de muñecos).
Las vendas o muñequeras traían buena suerte a los que las llevaban. Se ha sugerido, que las mujeres pretendían atrapar almas y mantenerlas atadas con cintas de tela. Este encarcelamiento hacía que el dueño de esa alma se consumiera totalmente. Podía representarse el alma de la víctima con algún objeto perteneciente a la misma, por ejemplo sangre, cabellos, uñas.
